Tesoros de Córdoba en pié: Capilla Doméstica

Pocas ciudades argentinas mantienen con el esplendor original su legado jesuítico. En la Docta la bondad del clima, la nobleza de los materiales utilizados y el esmero con que generaciones posteriores continuaron vigilando el estado de conservación fueron factores determinantes para que las joyas arquitectónicas dejadas por los hijos de Loyola se presenten erguidas y ufanas como desafiando al tiempo.

El caso de la Capilla Doméstica, recientemente restaurada presentó un daño en el recubrimiento interno de la bóveda, cielo raso y retablo. Para recuperarla se realizaron trabajos casi quirúrgicos a cargo de equipos especializados. Se procedió a reemplazar las piezas destruidas por las termitas, (que trabajaron por más de cincuenta años para casi destruir todo) y utilizando técnicas similares a las originales se logró devolver a la Ciudad “La niña bonita” sana y salva.

Esta Capilla era utilizada por los jesuitas para las prácticas de piedad diaria, por esa razón ocupaba el lugar central de la casa. Se comienza a construir en 1643 en base a una planta rectangular orientada hacia el este, utilizando piedra cortada unida con cal. La bóveda está formada por nervios semicirculares de madera separados unos de otros. El espacio entre estos está unido por un armazón de cañas tacuaras unidas con tientos de cuero crudo al que se adhirieron cueros estirados y encolados revestidos con gelatina y yeso, luego cubiertos con dibujos policromados de motivos vegetales y los nervios con oro laminado.

El retablo de cedro paraguayo es una joya de belleza incomparable. A comienzos del siglo XX, la edificación sufre importantes modificaciones en virtud de la nacionalización de la Universidad, por lo que se construye la portería y el ingreso a la casa por calle Caseros.

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